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jueves, 26 de septiembre de 2019

La adicción al teléfono y la psicología oculta que hay detrás


Se encuentra un amigo con otro y le dice:

- Oye Paco, mira el teléfono que me he comprado. Es increíble. Tiene brújula, termómetro, barómetro, cámara de vídeo, crea hologramas, puedo hacer los informes de la oficina en él, ver películas, series de televisión, todo en 4K, y lo más increíble… incluso me sirve para hacer llamadas telefónicas.

A pesar de todas las cosas increíbles que nuestros Smartphones pueden hacer, hay una cosa que no ha cambiado desde que el teléfono fue desarrollado por primera vez. No importa lo avanzados que se vuelvan los teléfonos, siguen siendo dispositivos de comunicación que buscan conectar a las personas entre sí.

Sin importar de qué manera lo hagan, la esencia de los teléfonos sigue siendo siempre la misma y es la de facilitar la comunicación entre las personas, hoy en día, a través de audio, vídeo y mensajes de texto. Lo único que en verdad ha cambiado con el tiempo en los teléfonos, es que su interfaz ha evolucionado para proporcionar diferentes opciones que permitan enviar diferentes clases de mensajes en diferentes momentos del día.


Los seres humanos somos una especie social y estas nuevas soluciones tecnológicas nos ayudan a recrear la conexión tribal que necesitamos como especie. Sin embargo, hay toda una psicología oculta que las personas desconocen y que ha sido la encargada de lograr que los servicios de mensajería de los teléfonos modernos, mantengan a las personas atrapadas todo el día revisando información, sin poder desprenderse de la pantalla de sus teléfonos ni por un solo instante.

En esencia, los servicios de mensajería exitosos han desarrollado un sistema de cuatro pasos, que genera en los usuarios de los mismos, una muy alta adicción.

Esos cuatro pasos son los siguientes:

1. El desencadenante
2. La acción
3. La recompensa variable
4. La inversión

Detrás de estos cuatro pasos se encuentra la psicología oculta de la que se deriva nuestra absoluta dependencia a las herramientas tecnológicas actuales.

1. El desencadenante

Un desencadenante es lo que inicia un hábito. Los servicios de mensajería de los teléfonos modernos, han desarrollado a través del sonido y la vibración, el desencadenante perfecto para que las personas se mantengan constantemente aferradas a sus teléfonos.

Basta con que un mensaje enviado por otra persona llegue a su teléfono, para que el mismo emita un sonido, una vibración, o ambas, y automáticamente se activa la curiosidad en las personas para saber qué es lo que está sucediendo. La continuidad en la activación de ese desencadenante, genera un hábito que, en la inmensa mayoría de personas, es casi inquebrantable.

Lo peor de esta situación es que, con el paso del tiempo, los usuarios de los teléfonos dejan de depender de un desencadenante externo para estar conectados a sus teléfonos, y comienzan a desarrollar sus propios desencadenantes internos. Sin ninguna clase de estímulo externo, las personas revisan Facebook, WhatsApp, Tinder, Snapchat, su correo electrónico y todo lo que esté sucediendo dentro de su teléfono, así no esté sucediendo absolutamente nada.

Cuando esta situación se presenta, es porque se ha generado un grado de dependencia tal del dispositivo telefónico, que aquello que inicialmente era algo “novedoso y divertido”, se convierte para la mayoría de personas en una obsesión enfermiza.

Una vez se han desarrollado los desencadenantes internos, el dominio que el teléfono ejerce sobre las personas, es total. Hace 30 años, nadie pensaba en la idea de salir a la calle con un teléfono en el bolsillo de su pantalón. 30 años después, hoy en día a las personas se les hace impensable el salir a la calle sin llevar su teléfono en el bolsillo de su pantalón. Y de hecho, es probable que muchas personas olviden primero ponerse el pantalón, antes que logren olvidarse de su teléfono.

2. La acción

Una vez los desencadenantes externos o internos se han activado, viene la acción. Para ello, cada sistema de mensajería ha desarrollado su propio lenguaje a través de señales, textos, imágenes, sobre las que los usuarios deben hacer un clic a fin de poder consultar la información que desean recibir. Este es tal vez el comportamiento más simple que se realiza luego de que se activa un desencadenante. Simplemente haciendo clic en el icono de una aplicación, se abre dicha aplicación de mensajería y se leen los mensajes recibidos.

Esta acción genera a su vez su propia dependencia. Cuando este hábito se forma, los usuarios harán esta simple acción de abrir las diferentes aplicaciones de su teléfono, para aliviar una sensación como el aburrimiento o la falta de alguien especial. Abrir una aplicación le da al usuario de la forma más simple posible, un poco de alivio frente a sus propios vacíos emocionales.


3. La recompensa variable

La recompensa variable está relacionada con darle a los usuarios aquello que han venido a buscar, lo que los hace quedarse siempre con ganas de más.

Por ejemplo, alguien recibe un mensaje por WhatsApp sobre una conversación grupal, en la que dicha persona no es un participante activo. Dos personas de un grupo cualquiera están conversando sobre algo en particular, pero lo hacen a su propio ritmo. Cada vez que alguno envía un mensaje, se activa el desencadenante externo a través de la notificación del nuevo mensaje que ha aterrizado en el WhatsApp. Luego de esto viene la acción, en la que todas las personas del grupo participan con el fin de saciar su curiosidad y saber qué es lo que se está hablando en ese grupo de WhatsApp. Por último, llega la recompensa en la forma del mensaje que se espera leer.

Pero si se observa con cuidado, cada miembro de ese grupo queda con ganas de más. De hecho, hay personas que, en esta clase de escenarios, consultan sus teléfonos una y otra vez, haciendo fuerza para que la conversación avance con más fluidez, a fin de saciar su curiosidad y poder enterarse sobre lo que está sucediendo entre las personas que se están comunicando en ese grupo.

Aplicaciones como Snapchat, la aplicación de mensajería masivamente popular que el 70% de los estudiantes universitarios alrededor del mundo dicen que usan todos los días, incorpora todo tipo de recompensas variables que aumentan la curiosidad y el interés. La facilidad de enviar mensajes que se autodestruyen sin dejar rastro, hace de esta aplicación algo adictivo en grado extremo ya que los usuarios envían fotos, vídeos e información “confidencial” con más facilidad, teniendo en cuenta “supuestamente”, que dicha información no quedará almacenada en ninguna parte.

¿Será posible?... Si usted está leyendo esto y no sabía que existía algo llamado Snapchat y que podía mantener todas sus conversaciones en un absoluto anonimato, es muy probable que su curiosidad, que ya debe estar bastante desarrollada, lo lleve en este momento a buscar la manera de generar un nuevo foco de dependencia de su teléfono inteligente, a través de esta aplicación.

4. La inversión

Esta es la fase final del proceso psicológico usado para atrapar a los usuarios de los teléfonos, que incita a los usuarios a mantener activo todo este proceso. Por ejemplo, cuando los usuarios añaden amigos en sus redes sociales, establecen nuevas preferencias de búsqueda a través de Internet, o revisan algún contenido que les parezca interesante y que desean guardar, están invirtiendo su tiempo en darle información a la plataforma que están utilizando, sobre sus diferentes gustos y preferencias.

Con base en toda esa información que las personas comparten diariamente sin saberlo, las preferencias y los gustos de los usuarios de los teléfonos son moldeados, a fin de crear hábitos cada vez más sólidos que se afianzan y se fortalecen con el tiempo. ¿Quién de ustedes cuando compró su primer Smartphone tan solo lo usaba unas pocas veces por día, para darse cuenta posteriormente que se volvió completamente dependiente de sus servicios?

Los servicios de mensajería telefónica, llámense como se llamen, han sido creados para quedarse, y son un negocio multibillonario que depende ciento por ciento para su supervivencia, de la mayor cantidad de personas comprometidas y enganchadas permanentemente a dichos servicios.

La adición al teléfono es despiadada. Incluso aquellas personas que afirman usar su teléfono “solo por cuestiones de trabajo”, son incapaces de escapar al influjo de estas máquinas. Y de hecho, esas personas, son tal vez las más adictas y dependientes de los servicios de mensajería telefónica.


Nada se ha dejado al azar. Quienes han creado estos sistemas, sabían muy bien lo que estaban haciendo y, si acaso lo duda, intente salir a la calle al menos durante un solo día, sin llevar su teléfono en el bolsillo de su pantalón. Por muy poca que sea su adicción al teléfono, durante todo el día sentirá una leve sensación de vacío, y la duda permanente sobre si algo importante estará pasando sin que usted lo sepa, le acompañará durante todo el tiempo que se aleje de su teléfono.

Tan solo las personas bastante mayores, son la que logran sobrevivir sin esa clase de dependencias. En el caso de los más jóvenes, el panorama respecto a la adicción al teléfono, es cada vez más desalentador.

Si le ha gustado el artículo, déjenos conocer su opinión al respecto en la sección de comentarios de este blog.

jueves, 22 de agosto de 2019

La pornografía es muy buena para la salud


La pornografía es muy buena para la salud. Y no es de extrañar que muchas personas se sorprendan grandemente (y quizás gratamente) al leer un artículo como este, y otras tantas decidan simplemente quedarse con la curiosidad y juzguen el artículo sin siquiera tomarse el tiempo de leer.

Pero lo cierto es que este no es un artículo sobre la pornografía. Este es simplemente un artículo que busca explicar cómo funcionan las cosas en el mundo de las comunicaciones, así que lamento haber decepcionado a todos aquellos que esperaban encontrar un "tratado científico" donde se avale y se aplauda a la pornografía.

Los expertos en marketing y publicidad buscan permanentemente la forma de llamar la atención de las personas, y una de las maneras más comunes de hacerlo, es a través de algo que se conoce como “clickbait” y que, en pocas palabras, no es nada que un engaño controlado que tiene como propósito hacer que las personas lean contenidos específicos en Internet.


¿Qué es el clickbait?

Con toda seguridad, este artículo será leído por muchas más personas, por el simple hecho de que tiene un titular llamativo que va en contravía de la idea general que se tiene acerca de la pornografía. Si este artículo se titulara “¿qué es el clickbait?”, muy probablemente a nadie le llamaría la atención. Pero en este caso, como su título corresponde a un tema que a la mayoría de la población le interesa, las posibilidades de que este escrito tenga muchos lectores, se incrementan exponencialmente.

“Todo entra por los ojos”, dice el adagio popular, y los expertos en marketing lo saben de sobra. El clickbait que se aplica principalmente en Internet (YouTube por ejemplo está a reventar de esta práctica) también se aplica en la vida real. Los noticieros en la televisión, los periódicos, las revistas, saben de esto demasiado.

Un titular llamativo, siempre hará que las personas movidas por la curiosidad o el morbo, se animen a sentarse a ver un noticiero o decidan comprar un periódico o una revista simplemente para saber de qué es lo que habla el artículo que aparece en una portada que atrae la atención de los lectores.

Somos seres fácilmente manipulables y la ciencia del marketing lo ha tenido claro desde siempre. Cuando vamos a un supermarket a hacer una compra, creemos que estamos decidiendo libremente sobre lo que queremos comprar, pero lo que no sabemos, es que, en la mayoría de las ocasiones, no existe tal libertad.

Los empaques de los productos son cuidadosamente diseñados para que se active el deseo de comprar en las personas, incluso cuando aquello que compran es algo que no están necesitando en este momento.

La publicidad subliminal es de igual manera un método efectivo de ganar compradores en medio de una jungla de productos y artículos de toda clase que las empresas ponen en venta, a la espera de ser adquiridos por los posibles compradores de una comunidad.

¿Se ha desilusionado al no encontrar la respuesta al por qué la pornografía es buena para la salud?, si es así, no se preocupe. Tal vez haya sido más importante el que se haya dado cuenta de la forma como caemos en la trampa frente a los medios de comunicación.

En todas partes existen señuelos buscando peces que caigan en la red. Dondequiera que vamos en el mundo físico, y en dondequiera que algo se comercie, siempre existirá alguien buscando hacernos comprar alguna cosa. Y en el mundo digital, la situación es aún mucho peor.

No existe un solo sitio en Internet en donde no aparezca un anuncio publicitario, y la razón para que esto sea así es muy fácil de explicar. Quienes nos tomamos el tiempo de escribir contenidos que las personas desean leer, no recibimos por lo general ninguna clase de pago por ello. Lo hacemos simplemente porque nos gusta escribir y porque tenemos información que puede llegar a ser de interés para las personas. Pero acaso ¿quién ha dicho que no se pueda ganar dinero para vivir haciendo algo que a uno le gusta hacer?


De algo hay que vivir

Ningún lector paga un solo centavo por leer un artículo en Internet. A nadie le cobran absolutamente nada por ver la información disponible en la red y que es interminable. Mucha de esa información, es valiosa e instructiva y a pesar de ello, todo el mundo accede a ella de manera gratuita.

Pero las empresas que desean captar la atención de los compradores, necesitan espacios donde publicar sus anuncios. Esos anuncios son los que las personas suelen ver en los diferentes sitios de Internet y el creador del contenido en donde esos anuncios pueden publicarse, gana solo unos cuantos centavos de dólar por cada vez que alguien mira su contenido y le da un vistazo a la publicidad presente.

¿Centavos de dólar?, sí, centavos de dólar. Pero si muchas personas, tal vez cientos o miles se animan a leer los contenidos y a darle una mirada a los anuncios, entonces el creador del contenido puede llegar a recibir con algo de suerte, miles de centavos de dólar, y miles de centavos de dólar pueden llegar a ser algunos cuantos cientos de dólares con los que se puede pagar un alquiler, comprar comida, pagar la educación de los hijos, etc.

Después de todo lo leído, lo único cierto es que a partir de este momento usted ya tiene una idea mucho más clara sobre la forma como opera el mundo visto desde la perspectiva de la publicidad. La mitad de las personas, buscan llamar la atención de la otra mitad para que todos puedan recibir un beneficio. Quien compra, con algo suerte compra algo que en verdad necesitaba, quien vende, le encuentra sentido a su negocio, y quien promueve este acto de comprar y vender, simplemente recibe un pequeño beneficio por ayudar a conectar a los compradores y a los vendedores para que la economía se mantenga siempre en movimiento.

Para terminar, si quiere jugarle una broma a sus amigos o amigas amantes del mundano placer de la pornografía, comparta este artículo con ellos. No aprenderán nada sobre la pornografía, pero sin lugar a dudas si aprenderán al menos en parte, como es que funciona el engaño en el mundo de las comunicaciones, el mercadeo y la publicidad.

miércoles, 7 de agosto de 2019

7 consejos imperdibles para aprender a escuchar a los demás


Las personas casi siempre somos muy buenas para hablar, pero completamente sordas a la hora de escuchar. Cuando nos comunicamos con otros, casi siempre nos enfocamos en lo que queremos decir y muy poco en lo que estamos escuchando.

La comunicación efectiva no consiste tanto en hablar como en aprender a escuchar. Escuchar bien significa no sólo entender las palabras o la información que se está recibiendo, sino también entender las emociones que el hablante está tratando de expresar.

Hay una gran diferencia entre escuchar con atención y simplemente oír. Cuando realmente escuchamos lo que se está diciendo, se comienzan a encontrar sutiles entonaciones en la voz de quien habla, que dicen cómo se siente esa persona y las emociones que está tratando de transmitir. Cuando usted es un oyente comprometido, no sólo comprenderá mejor a la otra persona, sino que también hará que esa persona se sienta escuchada y comprendida, lo que puede ayudar a construir una conexión más fuerte y profunda con ese alguien que quiere ser escuchado.


Al comunicarse de esta manera, usted también experimentará un proceso que reduce el estrés y apoya el bienestar físico y emocional. Si la persona con la que está hablando está calmada, por ejemplo, escucharla de una manera comprometida hará que usted también esté calmado. Del mismo modo, si la persona está agitada, usted puede ayudar a calmarla escuchándola de manera atenta y haciéndole sentir que usted la entiende y la acompaña escuchándole.

Si su objetivo es entender completamente y conectarse con la otra persona, escuchar de una manera comprometida ha de ser todo un propósito. Si no es capaz de escuchar atentamente a quienes le hablan, entonces a continuación encontrará 7 consejos imperdibles para aprender a escuchar a los demás.

1. Concéntrese completamente en la voz

Si usted está hablando con alguien, concéntrese completamente en la voz de la otra persona y mírela directamente a los ojos. No se puede escuchar de una manera comprometida si constantemente está revisando su teléfono o pensando en otras cosas. Necesita concentrarse en la experiencia del momento para captar los matices sutiles y las claves no verbales que se encuentran siempre dentro de cada conversación. Si le resulta difícil concentrarse cuando alguien le habla, intente repetir las palabras que escucha en su cabeza. Esto reforzará el mensaje y le ayudará a mantenerse concentrado en la conversación.

2. Escuche más con su oreja derecha

Por extraño que parezca, el lado izquierdo del cerebro contiene los centros de procesamiento primarios tanto para la comprensión del habla como para las emociones. Dado que el lado izquierdo del cerebro está conectado al lado derecho del cuerpo, esto favorece más al oído derecho que puede ayudarle a detectar con mayor facilidad los matices emocionales de lo que alguien está diciendo. Si no lo sabía, pues ahora ya lo sabe, su oído derecho está mejor hecho para escuchar que su oído izquierdo.


3. Evite interrumpir o tratar de redirigir la conversación hacia sus propias preocupaciones

Si usted está escuchando a alguien que ha venido a contarle un problema y que necesita ser escuchado, evite decir cosas como: "si cree que eso es malo, déjeme contarle lo que me pasó".

Escuchar no es lo mismo que esperar el turno para hablar. Una persona no puede concentrarse en lo que alguien está diciendo si mientras escucha está pensando en lo que va a decir a continuación. A menudo quien está hablando, es capaz de leer las expresiones faciales y corporales y puede darse cuenta que quien lo escucha tiene su mente volando en otra parte y que no tiene ningún interés sincero por lo que está oyendo.

4. Demuestre interés por lo que está escuchando

Si usted ha decidido sacar algo de su tiempo para escuchar a otra persona, entonces asienta con la cabeza ocasionalmente, sonríale a la persona que le habla, mírela fijamente a los ojos y asegúrese de que su postura sea abierta y acogedora. Anime al orador a continuar su conversación con pequeños comentarios verbales como "sí" o "ajá". No hay nada peor para quien busca ser escuchado, que no ver ninguna clase de interés en la conversación, por parte de la persona que está escuchando.

5. Trate de dejar de lado al juicio y a la crítica

Para poder escuchar efectivamente a alguien, no tiene que necesariamente gustarle o estar de acuerdo con las ideas, valores u opiniones que expresa la otra persona. Sin embargo, si usted se ha dispuesto a escuchar, entonces necesita dejar de lado al juicio y la crítica para poder entender completamente a la persona que habla. Una conversación puede llegar a parecer muy difícil, muy tensa, pero cuando se logra escuchar a la otra persona sin juzgarle, eso logra hacer que se establezca una conexión no verbal entre quien habla y quien escucha, que de otra manera podría haberse considerado improbable de alcanzar.

6. Proporcione retroalimentación

Si siente que en algún momento ha habido una desconexión, entonces exprese su opinión parafraseando lo que ha escuchado. "Lo que estoy escuchando es…", o "suena como si estuviera diciendo que…", son buenas maneras de conectarse nuevamente con la persona que está hablando. Sin embargo, no se limite simplemente a repetir lo que el orador ha dicho textualmente porque esto sonará falto de sinceridad y poco inteligente. En su lugar, exprese lo que las palabras del orador significan para usted. Si es necesario, haga preguntas para aclarar ciertos puntos: "¿qué quiere decir cuando dice...?" o "¿es esto lo que quiere decir?".


7. Aprenda a escuchar la emoción detrás de las palabras

Son las frecuencias más altas del habla humana las que imparten emoción. Usted puede estar más en sintonía con estas frecuencias si se enseña a sí mismo a escucharlas, y para ello es necesario ejercitar los diminutos músculos de su oído medio que son los músculos más pequeños de todo el cuerpo. Para lograrlo, simplemente cante, aprenda a tocar un instrumento de viento, o escuche ciertos tipos de música de alta frecuencia como por ejemplo una sinfonía o un concierto para violín de Mozart. Escuchar algo de música clásica de los grandes autores de vez en cuando, no le hará ninguna clase de daño y, por el contrario, le ayudará a desarrollar la sensibilidad necesaria para escuchar a las demás personas con el debido interés y la suficiente atención.

Escuchar bien a las demás personas es algo que casi no sabemos hacer y es algo muy necesario en estos tiempos en que el estrés y las dificultades de la vida arrecian por todas partes. Siempre habrá alguien a nuestro alrededor que tan solo busca ser escuchado al menos por pequeños momentos. Aprender a sensibilizarse con lo que las demás personas tienen para decir, haría de nuestras relaciones interpersonales algo mucho mejor. Estamos hechos más para escuchar que para hablar, al fin y al cabo, tenemos dos oídos y tan solo una boca.

sábado, 8 de junio de 2019

Hable siempre cara a cara con los demás


En esta era de Facebook, Twitter, correo electrónico, WhatsApp, etc., las habilidades de comunicación cara a cara se han perdido o se han ido dejado de lado poco a poco. Cada día que pasa, las personas se comunican cada vez menos frente a frente y debido a esto, la gente está perdiendo oportunidades vitales para conectarse y establecer contactos valiosos para su vida.

La tecnología es genial, y seguro que no podríamos avanzar sin ella, pero la comunicación cara a cara puede darnos algunas de las experiencias más enriquecedoras que podamos tener. La interacción humana nos mantiene alerta y nos permite conectarnos realmente con las demás personas, algo que no podemos hacer con la misma calidad, a través de un artefacto electrónico.

La comunicación cara a cara es también la forma más efectiva de establecer los contactos necesarios que nos pueden ayudar a alcanzar el éxito en nuestra vida.

Si usted tiene problemas para interactuar frente a frente con otras personas, entonces a continuación encontrará 8 valiosos consejos que si los tiene en cuenta, pueden ayudarle a mejorar sus relaciones con las personas que lo rodean.


1. Busque la manera de decir siempre las cosas cara a cara.

Las redes sociales, el WhatsApp y el correo electrónico son medios de comunicación muy rápidos y efectivos, pero las comunicaciones a través de estos medios, pueden ser fácilmente malinterpretadas, dando lugar a situaciones incómodas.

Es mucha más la cantidad de información que se transmite a través de la comunicación cara a cara, que la información que se puede transmitir a través de un mensaje enviado por WhatsApp. Especialmente si existe la posibilidad de que aquello que vayamos a decir, termine en un conflicto.

Establecer conexiones reales con las personas, nos permite en verdad poder transmitir lo que pensamos y sentimos de una mejor manera. Si bien podemos mentir tanto a través de las redes sociales, como estando cara a cara con otra persona, de esta última forma, es mucho más fácil poder percibir las verdaderas intenciones de aquellos con quienes interactuamos.

2. No se olvide del lenguaje corporal, las expresiones faciales y el contacto visual

Utilice estas herramientas para su beneficio. Transmitir visualmente el interés y la apertura hacia el otro, es la mejor forma de ganarse la atención de aquellos con quienes hablamos. Asegúrese de mirar siempre a los ojos a la persona con la que habla. Eso le permitirá detectar con relativa facilidad, la sinceridad de la conversación que está escuchando y de esa forma, las posibilidades de malinterpretar lo que se escucha, disminuyen considerablemente.

El contacto cara a cara, es siempre una valiosa herramienta que ayuda a aclarar aquello que queremos transmitir y nos permite siempre enviar un mensaje que sea entendido y recibido con facilidad por los demás.

3. Concéntrese en la conversación

Si está hablando con alguien, preste atención a la conversación que está teniendo y a las personas involucradas. La idea es que cuando usted se aleje de esas personas, sea capaz de recordar con claridad lo que se discutió. Cuando eso se logra, quedará en usted la sensación de que la interacción que sostuvo fue realmente exitosa.

4. Sea real y sincero

Cuando hable con alguien, trate de estar en ese momento presente y no en sus pensamientos o en su imaginación. Cuando usted está alerta, puede hablar con más confianza e interés y de igual manera, puede prestar mayor atención a las personas con quienes está conversando.

5. Ajústese al tiempo de la otra persona

Cuando le concedan solo 10 minutos para hablar, no se pase hasta los 20 minutos. Tenga siempre en cuenta la disponibilidad de tiempo de las demás personas, y no olvide que a veces a las demás personas su conversación no necesariamente les parece tan amena y agradable como le puede parecer a usted. Hay personas que hablan y hablan sin ser capaces de parar y se olvidan de lo valioso e importante que es el tiempo de aquellos que los están escuchando.

6. Hable solo cuando sepa de qué hablar

Antes de comenzar a hablar, asegúrese de saber de qué es lo que se está hablando. Si usted está en una conversación sobre la que no tiene ningún conocimiento, entonces lo mejor será siempre permanecer en silencio y escuchar a quienes sí tienen idea acerca de lo que se habla.

7. Es un dar y recibir

Cuando usted habla cara a cara con otra persona, está a cada momento en un constante dar y recibir. Usted expresa sus ideas y a cambio de ello, recibe una opinión de parte de quien le está escuchando. Es por ello que darle atención a aquello que se escucha, es la mejor forma de agradecerle a quien esté hablando con usted.

La comunicación cara a cara es la forma más completa y poderosa de conversación. Nunca la evite y, por el contrario, aprovéchela y haga que funcione para usted. De una conversación cara a cara bien manejada, por lo general siempre suele quedar algo muy positivo.


8. Es algo estimulante

Cuando el cansancio y el agotamiento aparece, sobre todo en el ambiente de trabajo, el poder interactuar frente a frente con otra persona, le da a nuestro cerebro la estimulación necesaria para poder continuar con energía durante el resto del día, cosa que no sucede cuando nos comunicamos a través de una computadora o un teléfono inteligente.

Cuando interactuamos cara a cara con alguien más, nuestro cerebro comienza a interpretar las señales visuales y vocales cada segundo, exigiendo concentración e implicación intelectual en la conversación. Esto mantiene nuestro cerebro agudo y alerta y estimula las reacciones emocionales. Un “momento de compartir con un humano” puede darle a una persona, esa explosión de energía que necesita para poder terminar su día de una manera exitosa.

La sociedad se enfrenta en estos momentos, a una absorción casi total por parte de la tecnología, que cada día nos aleja más de aquellos a quienes tenemos más cerca. Es muy importante comenzar a rescatar la interacción cara a cara con los demás, ya que algo que nos distingue profundamente a los seres humanos, es nuestra capacidad para interactuar con los otros y desenvolvernos socialmente. No permitamos entonces que esta habilidad se siga perdiendo con el tiempo y, por el contrario, ayudemos a desarrollarla en nuestros hijos, a través de algo tan simple y sencillo como el sentarse a hablar con ellos cada vez que tengamos la oportunidad.